Antonio Ávila

Algo para pensar a la hora del aprendizaje es que las ideas se graban en el cerebro junto con las emociones, nos cuenta Verónica Togni en el libro Educar la mente, educar el corazón, en una edición de Quarzo.
Explica que la ruta de aprender se cruzan directamente funciones cognitivas como la comprensión, la memoria y la atención.
Aprender con amor
Los editores apuntan que para que el proceso de aprendizaje sea eficaz, debe estar respaldado por emociones positivas que generen en el niño una sensación de autoeficacia.
No solo los maestros, sino también los padres, pueden desempeñar un papel clave en la creación de un entorno favorable, señalan.
Este libro tiene como objetivo ofrecer herramientas y estrategias útiles para ayudar en este proceso.
Entre los temas que aborda se incluyen:

· Comprender las emociones (su propósito, por qué es importante aceptarlas todas) y cómo influyen en el aprendizaje;
· Cómo enseñar a los niños a aceptar los errores sin sentirse derrotados, entendiendo que equivocarse es una parte esencial del aprendizaje;
· Estrategias y frases útiles (y otras que es mejor evitar) para manejar los momentos difíciles durante el camino escolar.
Un legado

Aristóteles decía que «educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto». Esto significa que para una educación integral es necesario atender tanto a la mente como al corazón.
La educación centrada en las emociones
Una educación centrada en las emociones, o «educar desde el corazón», permite a las personas reconocer y gestionar sus emociones. Esto ayuda a formar personas autónomas emocionalmente, capaces de generar estados de bienestar, salud, motivación y paz.
Las emociones y el aprendizaje van de la mano. La investigación científica ha demostrado que las ideas se graban en el cerebro.