LAS OLAS DE VIOLENCIA EN LA ESCUELA

violencia en la escuelaSofía Romero

El espacio virtual, incluidas las redes sociales, es espacio abierto de violencia psicológica que se suma a la física en las aulas escolares. Este fenómeno se da desde siempre y en diversas formas, pero, el fenómeno al que se conoce como bullying, se ha agravado en los últimos años debido a que la tecnología permite a los acosadores ir más allá de los salones y los ataques llegan del ciberespacio.

La amenaza crece porque no existe autoridad alguna que regule el espacio virtual.  Y en este campo hay que considerar que cada vez es más común que los niños y adolescentes usen el chat, los mensajes de celular o las redes sociales para mantenerse en contacto con conocidos.

Escena en la cual, a veces donde esperaban hallar gestos amistosos, lo que encuentran son actitudes hostiles y groseras, porque “el ciberbullying tiene por fin denigrar a un joven en específico frente a sus compañeros de colegio», explica Mónica González Contró, especialista del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM.

A pesar de la angustia emocional y la preocupación que generan estas actitudes, la vergüenza y el temor hacen que los niños no pongan un alto a los ataques, amenazas, insultos o burlas de un abusador.

Una de las tácticas más empleadas es colocar fotos o información comprometedora de la víctima, disponible en las redes sociales y escolares, o incluso llegan a crear cuentas o perfiles falsos para hacerse pasar por el afectado.

Es común que realicen “encuestas” para que sus compañeros voten y elijan a la persona más “tonta” o “fea” del colegio, o que a través del correo electrónico, el chat o mensajes telefónicos amenacen e intimiden a los infantes.

Mónica González comenta que el hecho de que haya maestros que toleren la violencia escolar representa un problema serio, porque si en estos espacios (donde se supone que existen figuras de autoridad encargadas de mediar en la interacción entre los pequeños) se presentan estas situaciones, evidentemente el asunto se “recrudece” en el ciberespacio, donde no hay normas que frenen las agresiones. VIS