Silvia Ojanguren
Los sueños tienen significado especial para cada quien y hay personas que los hacen realidad, está es la historia de uno de ellos: En 2011, Riccardo Tisci, director artístico de Givenchy desde 2005, soñó con un perfume que reflejase, desde los primeros aromas, su universo interior.
En su mente flotaba un perfume de alta costura intrigante, inesperado, una esencia hace de sombra y de luz y el sueño se haría realidad en Dahlia Noir, una fragancia excepcional que lleva la impronta del legado de la fina perfumería francesa, nacida del talento de François Demachy, creador de composiciones olfativas para Givenchy.
Es todo un sueño porque no hay Dahlia Noir, pero evoca instantáneamente el espíritu de las colecciones de Riccardo Tisci: sofisticación, lujo y rigor aristocrático. Así como dualidad de pureza y sensualidad, oscuridad y brillo.
Un año después de ser ensueño, Dahlia Noir captura un rayo de sol, es la eclosión del eau de toilette, una versión más luminosa y afrutada que la fragancia original, aun que se conserva su voluptuosidad.
Es una fragancia con puntos muy delicados y lo mismo su frasco, una obra de arte de líneas puras y una arquitectura minimalista, colores que no pasan de moda, proporciones perfectas.
De la alta costura Givenchy al frasco de Dahlia Noir, se reconoce su estilo neoclásico, decididamente atemporal, de un lujo eterno. Entre fuerza y delicadeza, el frasco icónico del eau de parfum de cristal sólido está adornado con una tapa de color blanco puro y etéreo que se combina con la tonalidad verde de la fragancia, a tono con la sobriedad de la estela.