Silvia Ojanguren

El mundo enfrenta una grave crisis con la enfermedad de Alzheimer, la más común de las demencias, es crónica, neurodegenerativa y deteriora progresivamente la memoria, el pensamiento, la conducta y la autonomía.
Afecta todo, no se limita al paciente, transforma la vida de las familias y cuidadores, quienes enfrentan un desgaste físico, emocional y económico que a menudo los toma por sorpresa, sin recursos ni guía adecuada.
Algo de memoria
Contrario a creencias aún vigentes no es consecuencia inevitable del envejecimiento o “demencia senil”, ese ya no es un diagnóstico de la medicina moderna.
En todo caso la detección temprana es clave para acceder a intervenciones especializadas que mejoran la calidad de vida y ayudan a enfrentar mejor la progresión de la enfermedad.

Lo grave es que cerca del 75% de los casos no se diagnostican a tiempo.
En muchos pacientes, los primeros signos como fallas de memoria, alteraciones en el lenguaje, cambios de humor o dificultades en el razonamiento, corresponden a un deterioro cognitivo leve, etapa en la que la memoria se ve más afectada de lo esperado para la edad, pero aún es posible actuar con eficacia.
Identificar estos síntomas podría prevenir hasta 45% de los casos, aunque la falta de información y el estigma social retrasan la búsqueda de atención médica.
Mala historia nacional
En México, la persistencia del diagnóstico tardío se ha convertido en una urgencia silenciosa, impide el inicio de tratamientos que podrían mejorar el pronóstico y ralentizar el deterioro cognitivo.
Todo porque la enfermedad de Alzheimer es compleja e influyen factores genéticos, ambientales, de estilo de vida y comorbilidades crónicas, dice la doctora Xóchitl Gómez, Directora Médica de Eisai Laboratorios.

“Sabemos que los síntomas pueden manifestarse hasta cinco años antes del diagnóstico, por ello es fundamental reconocerlos y promover evaluaciones clínicas tempranas.
“Solo así es posible ofrecer intervenciones oportunas y mejorar el pronóstico de quienes viven con esta enfermedad”, afirma.
Hay que levantar la guardia y derribar estigmas y fortalecer un tratamiento integral.
Los avances científicos ofrecen oportunidades para mejorar la vida y aunque aún no hay cura para el Alzheimer existen tratamientos que ralentizan la progresión, tratamientos farmacológicos y no farmacológicas que ayudan a controlar los síntomas.
Sumados a un estilo de vida saludable: actividad física, alimentación equilibrada, estimulación cognitiva, interacción social, control de presión arterial, glucosa y colesterol, multiplican los beneficios y mejoran la calidad de vida de pacientes y cuidadores.
Nuevos instrumentos de detección
La doctora Miriam Jiménez, Directora Médica de Biogen Latinoamérica Norte, destacó que los avances en biomarcadores y nuevas terapias disponibles en México están marcando un cambio decisivo en la detección y atención temprana.

Herramientas como el test Mini-Mental (MMSE), la prueba del reloj, la Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA), biomarcadores y estudios de imagen como PET Amiloide, permiten identificar la enfermedad en sus fases iniciales y brindar acompañamiento integral desde los primeros síntomas.
El papel humano importa y el de los cuidadores es central. Hoy 80% de los pacientes con de Alzheimer son atendidos en el hogar y 1 de cada 4 cuidadores abandona su empleo para dedicarse por completo a un familiar.
Este rol implica una sobrecarga física, emocional y social que requiere apoyo institucional.