Amores sin dueño en la literatura de siempre

Antonio Ávila

Thomas Hardy construye en La bienamada una de sus novelas más inquietantes: la historia de un hombre que no ama a una mujer, sino a una idea que se encarna sucesivamente en distintas figuras.

En la edición Lectorum, la historia reflexiona sobre que hay amores que no pertenecen a nadie y el lector descubre presencias que atraviesan los rostros, habitan los cuerpos y desaparecen sin dejar más certeza que su huella.

La bienamada y el amor 

Para Jocelyn Pierston, la amada no es una persona fija, sino una esencia cambiante, una forma ideal que migra de un cuerpo a otro, siempre reconocible y siempre inalcanzable.

Hardy explora la naturaleza del deseo y la ilusión: aquello que el ser humano proyecta sobre el otro, aquello que persigue sin comprender del todo y que, al intentar poseerlo, inevitablemente pierde.

Cada encuentro es una promesa; cada promesa, una forma de extravío.

La narrativa transcurre entre el anhelo y la imposibilidad, entre lo tangible y lo imaginado.

La bienamada revela una verdad perturbadora: que el amor, más que un vínculo, puede ser una forma de búsqueda interminable.

Con una precisión psicológica admirable y una excelente descripción de las situaciones.

Thomas Hardy plantea en esta novela el sometimiento de las personas a su destino implacable. Y en este caso el destino del protagonista no es otro que una incesante búsqueda de su amada ideal.