Silvia Ojanguren

Nada más mexicano que el chile, ingrediente infaltable en la cocina y símbolo de toda una cultura gastronómica afamada en el mundo.
Se estima que los chiles son imprescindibles en la comida mexicana, es un ingrediente de 90% de los platillos, en cualquiera de sus 64 variantes identificadas en México.
Del chile común se han generado gran diversidad de formas, entre ellas: chiltepín, serrano, chile de árbol, piquín, jalapeño, poblano, morrón, de agua y catarina.
A algunos, ya secos se les conocen como chipotle, morita, ancho, guajillo, pasilla, mulato.
Karen Willard chef de Innovación y Desarrollo en Unilever, comparte algunas recomendaciones para aprovechar todo su sabor.
Chiles frescos

A los amantes de lo más picante les da placer el chile habanero (con Denominación de Origen en la Península de Yucatán).
Hay mil y una forma de emplearlos, como chiles enteros, en rajas o picados o como ingrediente salsa, adobo, mole o aderezo.
Se compran al por mayor y se pueden guardar y hasta congelar. Si son envasados hay que poner a la mano los próximos a caducar.

Chiles secos
La deshidratación es una técnica culinaria que se emplea para aumentar el tiempo de conservación de los alimentos. Cuando se habla de chiles, se pueden utilizar los más maduros, prácticamente en cualquiera de sus variedades.
Una vez secos se llegan a incluir en múltiples platillos, generalmente para elaborar salsas y adobos.
Existen diferentes métodos para prepararlos, una opción casera es colocarlos en la parte interior del horno de la estufa para que se deshidraten de manera paulatina con el calor que se genere al cocinar.
Chiles encurtidos
Conocidos como chiles curados o “en escabeche”, este método permite que los chiles se conserven más tiempo.

Para prepararlos, se pueden utilizar chiles enteros, en rajas o picados, que se cocinan en una mezcla de vinagre con agua, hierbas aromáticas y especias como orégano, laurel o tomillo, hortalizas como cebolla y zanahorias, e incluso algunas verduras como nopales, calabazas y coliflor.
Una vez obtenida la mezcla, se recomienda dejarla reposar por algunos días para que se realce su sabor y luego a disfrutarlos como botanas o con diversos platillos.
Marinada con chiles
Las marinadas son preparaciones básicas para dotar de mayor sabor a los alimentos, especialmente las carnes.
Para elaborarlos, se mezcla varios ingredientes, entre ellos aceite, especias, hierbas, algún ácido y sal, en los que posteriormente se sumerge o cubre el alimento para reposar, antes o después de cocinarlo.
Al cocinar chiles para que sean menos picosos hay que quitar las semillas y venas, estas se pueden aprovechar al guardarlas, tostarlas y licuarlas con un poco de aceite de oliva y ajo.
BENEFICIOS DE COMER CHILE
Fortalece tu sistema inmune
Ya sea fresco o seco, el chile puede aportarte vitamina A y C, las cuales son fundamentales para la regeneración de tejidos y mejorar la vista a largo plazo. De acuerdo con especialistas, los chiles rojos contienen mayores cantidades de vitamina C y A.

Analgésico natural
Todos los chiles poseen capsaicina, una sustancia localizada en las semillas del chile que genera ese sabor picante, pero al mismo tiempo causa una reacción en el cuerpo humano de “adormecimiento” que puede funcionar como un analgésico para aliviar dolores comunes.
Ayuda a la buena circulación
Sus propiedades ayudan a aumentar la presión arterial evitando la formación de coágulos en la sangre. El chile jalapeño es rico en flavonoides, una especie de fitonutrientes que previenen la enfermedad coronaria.
Mejora la digestión
Un consumo moderado de chile previene algunos padecimientos relacionados con el tubo digestivo y el síndrome de intestino irritable.
¿Sabías qué?
El chile fresco que más se consume en México es el serrano, el cual se cultiva principalmente en Puebla, Veracruz, Sonora, Hidalgo, Guerrero y el Estado de México, y se puede comer crudo, cocido, asado, en vinagre o frito.
El chile seco de mayor producción es el ancho proveniente de Zacatecas, San Luis Potosí́, Durango, Guanajuato y Puebla.