Luis Cuenca
Un trabajo de doce años de científicos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), encabezados por Beatriz Xoconostle Cázares, dio frutos: un maíz que crece en condiciones de poca de agua y temperaturas extremas de frío, que podría ser ideal para zonas semidesérticas del norte de México.
La investigadora del Departamento de Biotecnología y Bioingeniería del Cinvestav precisó que de acuerdo con pruebas en invernadero, este nuevo maíz reduce el consumo de agua en más de un tercio en comparación con los tipos comerciales que actualmente existen en el mercado, por lo que consideró urgente realizar pruebas en condiciones naturales para corroborar esa efectividad.
La científica consideró que lo anterior es sumamente importante porque el maíz es un cultivo que necesita grandes cantidades de agua, pues se calcula que para conseguir un kilo de semilla, son necesarios mil 200 litros de agua, cifra muy superior a la de otros productos, como el frijol, en el cual sólo se emplean alrededor de 400 litros para obtener la misma cantidad de semilla.
Acerca de su investigación, Xoconostle Cázares precisó que la resistencia del maíz a la sequía se produce por muchos genes, pero se encontró que la acumulación de una azúcar permite la tolerancia a la sequía y al frío, entonces se pensó en introducir ese gen con mayor rapidez; se usó ingeniería genética pero sin introducir proteínas nuevas porque no se utilizaron genes de otras plantas.
Aun cuando este maíz ha demostrado grandes beneficios en las pruebas realizadas hasta el momento y que podría ser un excelente producto para las zonas semiáridas del norte del país, las pruebas en áreas abiertas no se han podido realizar hasta el momento.
“La prueba experimental se encuentra detenida hasta cumplir con los tiempos impuestos por la legislación mexicana, para otorgar los permisos que permitan realizar la siembra experimental del maíz mejorado. La ley establece tres pasos: una evaluación experimental en un predio pequeño y entrega de resultados para demostrar sus bondades a cielo abierto.
“El segundo paso consiste en efectuar una fase piloto después de un año y en presentar sus resultados; el tercero, permite iniciar una fase comercial de los materiales. El permiso se encuentra en trámite, es un procedimiento federal que solicita 123 requerimientos, lo cuales ya se han resuelto a satisfacción de los evaluadores; pero el gobierno se da un tiempo de 6 meses y puede parar el reloj para solicitar mayor documentación”.